Poblete (Ciudad Real) acogerá este fin de semana, desde el viernes 12 y hasta el domingo 14 de julio, sus II Jornadas Medievales, Sitio Histórico de la Batalla de Alarcos, una recreación del campamento previo a la Batalla que tuvo lugar el 19 de julio de 1195 entre las tropas de Alfonso VIII de Castilla y los almohades de Yusuf Al-Mansur, y que finalizó con la derrota de los cristianos.
Las calles de la localidad volverán a llenarse de caballeros, soldados, cetreros, juglares y toda suerte de personajes medievales, así como de talleres, bailes, música y competiciones de todo tipo en un intenso programa de actividades elaborado por el Ayuntamiento en colaboración con la Asociación Nacional Caballeros y Damas de la Orden Calatrava, encargada de la recreación.
Se trata de un evento familiar, en el que pueden participar personas de cualquier edad y también niños puesto que hay numerosos talleres específicos para ellos. “La puesta en escena de la vida del campamento es la parte central de tres días cargados de propuestas de todo tipo que podrán disfrutar no solo los pobleteños, sino también todos aquellos turistas y visitantes interesados”.
El campamento empezará a montarse este viernes 12 de julio
Las II Jornadas Medievales comenzarán este viernes 12 de julio con el montaje del campamento, que se llevará a cabo entre las 12 del mediodía y las 23 horas de la noche. Por la tarde habrá un taller de Masterchef Familiar Medieval que correrá a cargo de Diego Morales (chef del restaurante Latitud Food&Drink. Podrán participar 12 familias de 5 componentes como máximo.
A las 20 horas habrá exhibición de cetrería a cargo de Halconeros de Castilla y a las 23 horas exhibición de bailes y danzas medievales a cargo de la AC Bailes de Salón de Manzanares.
El sábado 13 de julio la actividad en el campamento comenzará a las 10 horas de la mañana. Será a las 11 horas cuando comience el taller de pulseras y llaveros para nios de 6 a 12 años, a cargo de Maares, y a las 11.30 comenzará el entrenamiento de las tropas. A las 14 horas se cerrará y a las 19:45 Tutraka ofrecerá una Batucada Medieval que marcará su reapertura con un taller infantil de juegos medievales, también a cargo de la empresa turística Maares, dirigido a niños y niñas a partir de 5 años.
A las 20 horas se inaugurará la Ruta Virtual de la Batalla de Alarcos y se iniciarán los Juegos infantiles medievales, dirigidos por la Asociación Cultural “Puerta de Alarcos”. Tras ello, dará comienzo la Competición de tiro con arco y después habrá duelos de caballeros a espada y escudo, seguidos de otra Batucada de Tutraka. El dúo de titiriteros Juglar Teatro recogerá el testigo a las 21:30 horas su espectáculo “Juglareando caminos” y la velada se cerrará con el concierto de música folk italiana del grupo Terra Tarantela a las 23 horas.
Carreras, talleres y tapas para la mañana del domingo
El domingo 14, las actividades comenzarán a las 9:30 horas con la Carrera de Obstáculos “Orgullo Almohade”, organizada por Quixote Xtreme. El inicio y fin de la prueba serán en el Campo de Fútbol y las inscripciones se pueden realizar en http://carreras.dxtchiprun.es/ . El campamento se abrirá a las 10 y después Maares dirigirá un taller de diademas, coronas, yelmos y espadas. El primer turno, a las 10:30 horas, será para niños y niñas de 6 a 8 años y el segundo, a las 12 horas, de 9 a 12 años de edad.
Seguidamente, a las 11 horas habrá una competición de tiro con arco y media hora después un duelo de caballeros a espada y escudo. Como novedad este año se incluye el concurso de Tapas Medievales, que dará comienzo a las 13 horas y se divide en categoría infantil, a partir de 8 años, y de adultos para los mayores de edad. El campamento continuará activo hasta las 14 horas.
Tanto las inscripciones previas para el concurso de tapas como para los talleres infantiles se pueden solicitar en www.poblete.es.
Las calles de Poblete (Ciudad Real) volverán a la Edad Media a partir del próximo viernes, 13 de julio, para recrear el campamento previo a la Batalla de Alarcos, que tuvo lugar el 19 de julio de 1195, entre las tropas cristianas de Alfonso VIII de Castilla y las almohades de Yusuf Al-Mansur.
De este modo, durante los días 13, 14 y 15 de este mes de julio, las calles de la localidad acogerán lizas, talleres, representaciones de títeres, así como talleres de cocina medieval, batucada medieval y tiro con arco, entre otras actividades y ambientación “que busca atraer a visitantes de toda la provincia, para que descubran Poblete como la puerta de Alarcos”.
Las actividades comenzarán a las 18 horas del viernes 13 de julio con el montaje del campamento en el solar ubicado frente a la plaza de Cervantes, lugar donde se desarrollarán todas las actividades. En ese emplazamiento a las 20 horas habrá un taller de cocina medieval impartido por el chef Juan Cruz y destinado a los nacidos entre 2005 y 2010. Para participar hay que inscribirse previamente en la web www.poblete.es y para las 30 plazas disponibles tendrán prioridad los empadronados en la localidad. A las 20 y 21 horas el grupo Aviar realizarán exhibiciones de cetrería y la jornada se cerrará a las 22 horas con una muestra de danzas medievales de la mano de la AC de Bailes de Salón de Manzanares.
Batucadas, duelos y cuentos
El sábado 14 se podrá disfrutar de la vida del campamento desde las 10 horas y a las 11.30 comenzará el entrenamiento de las tropas. A las 14 horas se cerrará y a las 19:45 Tutraka ofrecerá una Batucada Medieval que marcará su reapertura con un taller infantil de banderines y candiles medievales, a cargo de Arqueofun, dirigido a niños y niñas nacidos hasta 2012. Las 30 plazas disponibles se pueden solicitar en www.poblete.es y tendrán preferencia los menores empadronados en Poblete.
A las 20:30 horas la Asociación Cultural “Puerta de Alarcos dirigirá “Juegos infantiles medievales y media hora después habrá duelos de caballeros a espada y escudo, seguidos de otra Batucada de Tutraka. Los Troballeros recogerán el testigo a las 22 horas para ofrecer los cuentos medievales de “La dama y el trovador” y la velada se cerrará con el concierto de música folk de Espliego a las 23 horas.
El domingo 15 se abrirá el campamento a las 10 y a las 11 horas habrá una competición de tiro con arco. A las 11.30 habrá un duelo de caballeros a espada y escudo. El campamento continuará activo hasta las 17 horas.
"En los catálogos de los Maestres (sacados de escrituras no
auténticas) se dice que la batalla de Alarcos fue en tiempo del Maestre
don Martín Martínez y que murió en ella, más lo uno y lo otro es falso
porque el Maestre que en ella se halló fue don Nuño Pérez de Quiñones y
no murió allí como evidentemente constan amabas cosas por lo que
adelante se dirá.
La batalla fue de esta manera. El Rey Moro de
África, llamado Iuçaf que quiere decir José, a instancia de los Reyes
Moros de Andalucía pasó a España con grande ejercito de Moros y entró
por el Campo de Calatrava con intento de allegar a Toledo. Sabida su
venida por el Rey don Alonso, salió a resistirle con menos gente de la
necesaria sin aguardar a muchos grandes de Castilla que venían con gente
a servirle. Y aún los Hijos dalgo y Ricos hombres que con él fueron,
algunos estaban muy agraviados del Rey por haber dicho que valían tanto
para la guerra los caballeros de Extremadura como los Hijos dalgo de
Castilla. Por esto muchos de los Hijos dalgo hicieron menos de lo que
pudieron en esta jornada, como dice la Crónica General, porque quisieron
ver cómo le iba al Rey sin ellos, con los caballeros extremeños.
Llegado el Rey al castillo de Guadalherza se juntó con su ejército don
Gonzalo Rodríguez, Maestre de Santiago y también sus caballeros. En
Malagón se juntó don Nuño Pérez de Quiñones, Maestre de Calatrava con
los suyos. De allí fueron todos a la villa de Alarcos, y los Moros
habían ya entrado hasta Caracuel de manera que vinieron a dar batalla
junto al castillo de Alarcos en la cual los cristianos fueron vencidos y
muchos muertos y presos. El Rey, viendo tanta perdición, se metió en lo
más recio de la batalla diciendo que quería morir en ella y no volver
con tanta afrenta a Toledo, más algunos de los suyos le sacaron de la
batalla y se vinieron camino de Toledo hasta el castillo de
Guadalherza.
Vencida la batalla, los Moros siguieron el alcance de
los Cristianos que iban huyendo hasta un portezuelo que está entre las
dos ventas de La Zarzuela y Daraçutan, y allí los Cristianos
pretendiendo defenderse pelearon segunda vez y todos fueron muertos o
presos, los que aguardaron. Otros que iban delante sin orden se
recogieron en el castillo de Guadalherza y allí se escaparon. De los
caballeros de esta Orden murieron muchos en Alarcos, otros con el
Maestre se fueron al castillo de Guadalherza, acompañando y defendiendo a
su Rey, otros se recogieron a Calatrava la Vieja, donde tenían su
convento y otros al Castillo de Alarcos con don Diego López de Haro.
Señor de Vizcaya y con los Condes de Lara sus yernos. Después de todo
esto, los Moros pusieron cerco al castillo de Alarcos que era muy fuerte
y dentro de pocos días lo tomaron por combate, según se halla en una
historia antigua. Aunque la crónica del Rey don Alonso el Sabio (al que
se le deba dar más crédito) dice que don Diego López de Haro huyó con la
Señal y Pendón Real al castillo de Alarcos dejando al Rey en la
batalla, y después dio el castillo y villa a los Moros sin mandado de su
Señor. Con esto también conforma lo que dice la Crónica General, que
don Lope Díaz de Haro, habiendo de entrar en la batalla de las Navas de
Tolosa, dijo al dicho don Diego López su padre que se acordase de la
honra que había perdido en Alarcos y procurase ganarla en aquella.
Tambien Hernán Pérez de Guzmán, en el libro llamado Valerio de las
historias, cuenta que estando don Diego López cercado en Alarcos se
concertó con don Fernán Ruy de Castro (el que dicen que había metido los
Moros en Castilla) para que le dejase salir con otros dos caballeros, y
así salió con los Condes de Lara sus yernos contra quien don Fernán
Ruyz tenía todo el enojo. Tomada la villa y castillo de Alarcos fueron
sobre Calatrava la vieja donde estaba el convento de esta Orden con muy
pocos caballeros que se habían escapado de la batalla de Alarcos, y por
fuerza y combate ganaron la villa donde pasaron a cuchillo a todos los
Freyles caballeros y clérigos y a muchos otros Cristianos porque no
quisieron darse luego. Hicieron los Moros enterrar sus cuerpos fuera de
la villa por quitar de ella el mal olor y por esto cuando los cristianos
ganaron otra vez esta villa el Maestre mandó edificar en aquel lugar
una Ermita, con título de Nuestra señora de los Mártires porque aquellos
caballeros murieron por la fe de Cristo y hasta hoy le dura este
nombre."
En la Semana del 12 al 17 de julio se celebra la IX Jornadas de Cocina
Alfonsí, que este año se enmarca dentro del evento “De Alarcos a Villa
Real. Semana Histórica de Ciudad Real”, en la que recordaremos los
orígenes históricos de Ciudad Real con diversas actividades como
Conciertos de Música Antigua de Alarcos, Las propias Jornadas de Cocina
Alfonsí, Visitas guiadas especiales, actividades para niños, etc.
Se ha
ampliado el plazo de inscripción hasta el día 28. Para participar tan
sólo hay que rellenar la hoja de inscripción adjunta y presentarla en la
Oficina Municipal de Turismo de Ciudad Real (En Plaza Mayor, 1), o enviarla al correo
ofitur@ayto-ciudadreal.es También se adjunta una hoja de pautas básicas
de alimentos que no se pueden utilizar debido a que en la Edad Media no
formaban parte de nuestra gastronomía en el Medievo.
Imagen virtual de la ciudad de Alarcos en construcción en 1195, justo antes de la batalla La batalla de Alarcos tuvo lugar el 18 de julio de 1195 y enfrentó a las tropas de al-Mansur, compuesta de diversas procedencias andaluzas y del Magreb, con las tropas de Alfonso VIII.
La batalla de Alarcos (en árabe: معركة الأرك ma'rakat al-Arak) fue una batalla librada junto al castillo de Alarcos (en árabe: al-Arak الأرك), situado en un cerro a cuyos pies corre el río Guadiana, cerca de Ciudad Real (España), el 19 de julio de 1195, entre las tropas cristianas de Alfonso VIII de Castilla y las almohades de Abū Ya'qūb Yūsuf al-Mansūr (Yusuf II), saldándose con la derrota para las tropas cristianas, la cual desestabilizó por completo al Reino de Castilla y frenó todo intento de reconquista hasta la batalla de Las Navas de Tolosa.
El Castillo, de origen islámico, ha sido testigo de la historia de la comarca.
Reconstrucción virtual del castillo de Alarcos.
El castillo, situado en el centro de la ciudad, ha sido testigo de todos los avatares históricos vividos por la comarca. Sobre estratos de la Edad del Bronce e ibéricos se asentó un castillo de la primera dominación islámica, del que quedan algunos restos. Desde la conquista de Toledo, en 1085, hasta la definitiva conquista de Alarcos, en 1212, el castillo de Alarcos se verá sometido a un proceso de transformación que afectó a todas sus estructuras. Está englobado dentro de la misma planificación diseñada para el resto de la ciudad por Alfonso VIII. En el exterior se rehicieron las torres, cambiando incluso su forma, adaptándola a los nuevos diseños, a la vez que se sumaban otras estructuras defensivas. El interior del castillo se encontraba en pleno proceso de adaptación en 1195 pero quedó inconcluso. Los restos constructivos que aparecen son testigos del gran proyecto que pretendía realizar.
Tras la conquista almohade, después de la Batalla de Alarcos, se produce una readaptación del espacio interior del castillo. Articulado éste por calles enlosadas que dan paso a una serie de dependencias que cumplen distintas funciones: alcobas, cocinas, fragua, letrina, etc. A todas ellas, se accede desde un patio que también se encuentra enlosado.
Antecedentes
En 1177, el monarca castellano Alfonso VIII conquistó Cuenca con ayuda de Aragón. Inquieto, el califa Abū Yūsuf Ya'qūb al-Mansūr pactó en 1190 un periodo de paz para frenar el avance castellano sobre Al-Ándalus. Cuando expiraba el trato, recibió noticias de que habían surgido revueltas en sus posesiones del norte de África. Alfonso VIIIhabía empezado a levantar en una elevación sobre el río Guadiana la ciudad de Alarcos, que no tenía terminada su muralla, ni aún asentados todos sus nuevos pobladores, cuando una expedición, dirigida por el belicoso arzobispo de Toledo, Martín López de Pisuerga, penetró en la taifa de Jaén y Córdoba y saqueó las cercanías de la capital almohade (Sevilla) en la Península.
Este desafío de la fuerza castellana enfureció sobremanera a Ya'qub, quien decidió mandar todas sus fuerzas disponibles para contener al monarca castellano. El historiador Vicente Silió (1892-1972) narra cuál fue el pretexto oficial para la invasión
En 1194, el rey Alfonso VIII cometió la imprudencia de retar a Yasub enviándole un mensaje en tono altanero, por el cual le retaba a que mandase sus tropas a batirse en España o le facilitase navíos para que los cristianos pudiesen embarcar y derrotarle en África. Hacía treinta y un años que Yasub gobernaba el Imperio almohade. Contestó al de Castilla con unas breves líneas al dorso de su mensaje: «Estas son las palabras que ha pronunciado Alá, el Todopoderoso: Me lanzaré sobre ellos, les convertiré en polvo sirviéndome de ejércitos que no han visto nunca y de cuya fuerza no podrán librarse». Leyó a sus tribus el desafío de Alfonso y escuchó en respuesta un gran clamorío, exigiendo venganza. Con un poderoso ejército salió Yasub para Algeciras.
El 1 de junio de 1195, desembarcó sus tropas en la línea de costa entre Alcazarseguir y Tarifa con su ejército almohade.El emir almohade llegó hasta Sevilla, donde logró reunir un ejército de 300.000 hombres, entre caballería y peones, formado por todo tipo de mercenarios, tropas regulares, etc. Alcanzó Córdoba el 30 de junio, donde se hallaban las tropas de Pedro Fernández de Castro "el Castellano", señor de la Casa de Castro y del Infantado de León, quien había roto sus vínculos de vasallaje con su primo el rey Alfonso VIII. Pedro Fernández de Castro era hijo de Fernando Rodríguez de Castro "el Castellano", señor de Trujillo, que, al igual que su hijo hacía ahora, había combatido en el pasado junto a los almohades.
El 4 de julio Abū Yūsuf partió de Córdoba cruzando Despeñaperros y avanzando sobre la explanada donde se alzaba el castillo de Salvatierra, a los pies del de Calatrava. Un destacamento de la Orden de Calatrava, junto con algunos caballeros de fortalezas cercanas que intentaron dar con las fuerzas almohades, se toparon con ellas pero tuvieron la mala fortuna de encontrar un ejército muy superior al destacamento y fueron casi exterminados por completo.
Alfonso VIII se alarmó tras lo acontecido y se apresuró a reunir todas las tropas posibles en Toledo y a marchar hacia Alarcos. El monarca castellano consiguió atraer la ayuda de los reyes de León, Navarra y Aragón, puesto que el poderío almohade amenazaba a todos por igual.
Esta ciudad fortaleza estaba aún en construcción y era el extremo de las posesiones de Castilla formando frontera con al-Ándalus
Era determinante impedir el acceso al fértil valle del Tajo y, por darse prisa en presentar batalla, no esperó los refuerzos de Alfonso IX de León ni los de Sancho VII de Navarra que estaban de camino. El 16 de julio el gran ejército almohade fue avistado y era tan numeroso que no llegaron a saber cuántos hombres lo formaban.
Aun así e imprudentemente, Alfonso VIII decidió presentar batalla al día siguiente de llegar finalmente las tropas a los alrededores de Alarcos (el 17 de julio). Tal vez por confiar en la fuerza de la caballería pesada castellana, en vez de retirarse a Talavera donde habían llegado las tropas leonesas y que les separaban tan sólo unos pocos días de distancia. Abū Yūsuf no aceptó dar batalla ese día (el 18 de julio), prefiriendo esperar el resto de sus fuerzas. Al día siguiente, la madrugada del 19 de julio el ejército almohade formó alrededor de la colina "La cabeza" y a dos tiros de flecha de Alarcos como citan las fuentes árabes.
Desarrollo de la batalla
La batalla de Alarcos tuvo lugar el 18 de julio de 1195 y enfrentó a las tropas de al-Mansur, compuesta de diversas procedencias andaluzas y del Magreb, con las tropas de Alfonso VIII.
Obscurecióse el día con la polvareda y vapor de los que peleaban que parecía noche: Las Cabilas de voluntarios Alárabes, Algazaces y ballesteros acudieron con admirable constancia, y rodearon con su muchedumbre a los Cristianos y los envolvieron por todas partes. Senanid con sus Andaluces, Zanetes, Musamudes, Gomares y otros se adelantó al collado donde estaba Alfonso, y allí venció, rompió y deshizo sus tropas infinitas, que eran más de trescientos mil entre caballería y peones.
Allí fue muy sangrienta la pelea para los Cristianos, y en ellos hicieron horrible matanza. Había entre ellos diez mil caballeros de los armados de hierro como los primeros que habían acometido, que la flor de la caballería de Alfonso, y habían hecho su azala Cristianesca y jurado por sus cruces que no huiría de la pelea hasta que no quedase hombre a vida, y Dios quiso cumplir y verificar su promesa en favor de los suyos.
Cuando la batalla andaba muy recia y trabada contra los infieles [Cristianos], viéndose ya perdido comenzaron a huir y acogerse al collado en que estaba Alfonso para valerse de su amparo, y encontraron allí a los Muslimes que entraban rompiendo y destrozando, y daban cabo de ellos.
Entonces volvieron brida y tornaron sobre sus pasos, y huyeron desordenadamente hacia sus tierras y donde podían.Entraron por fuerza en la fortaleza los vencedores quemando sus puertas y matando á los que las defendían; apoderándose de cuanto allí había, y en campo de armas, riquezas, mantenimientos, provisiones, caballos y ganado, cautivaron muchas mujeres y niños, y mataron muchos enemigos que no se pudieron contar, pues su número cabal sólo Dios que los crió lo sabe. Halláronse en Alarca veinte mil cautivos, á los cuales dio libertad Amir Amuminin después de tenerlos en su poder, cosa que desagradó a los almohades y a los otros muslimes, y lo tuvieron todos por una de las extravagancias caballerescas de los Reyes.5
—De Historia de la Dominación de los Árabes en España, sacada de varios manuscritos y memorias Arábigas
Los cristianos disponían de dos regimientos de caballería: en primera línea estaba la caballería pesada (de unos 10.000 hombres) al mando de Don Diego López de Haro y sus tropas, seguida después de la segunda línea, donde se encontraba el propio Alfonso VIII con su caballería e infantería.
Por parte de las tropas almohades, en vanguardia se hallaban la milicia de voluntarios benimerines, alárabes, algazaces y ballesteros, que eran unidades básicas y muy maniobrables. Inmediatamente tras ellos estaban Abu Yahya ibn Abi Hafs (Abu Yahya) y los Henteta, la tropa de élite almohade. En los flancos, su caballería ligera equipada con arco y en la retaguardia el propio Al-Mansur con su guardia personal.
Ya'qub siguió los consejos del qā'id andalusí Abū 'abd Allāh ibn Sanadí y dividió su numeroso ejército, dejando que el ğund andaluz (soldados de las provincias militarizadas) y los cuerpos de voluntarios del ğihād sufrieran la embestida del ejército cristiano y que más adelante, aprovechando la superioridad aplastante del ejército almohade, el agotamiento y bochorno del ejército cristiano, atacaría con las tropas de refresco que mantenía en reserva, la guardia negra y los almohades.6
El califa le dio a su visir, Abu Yahya Ibn Abi Hafs, el mando de la poderosa vanguardia: en la primera línea de los voluntarios benimerín. A Abu Jalil Mahyu ibn Abi Bakr, con un gran cuerpo de arqueros y las cabilas zeneta; detrás de ellos, en la colina antes mencionada, Abu Yahya con el estandarte del califa y su guardia personal, de las cabilas Henteta; a la izquierda los árabes a las órdenes de Yarmun ibn Riyah, y a la derecha, las fuerzas de al-Ándalus mandadas por el popular qā'id ibn Sanadid. El propio califa llevaba el mando de la retaguardia, que comprende las mejores fuerzas almohades (las comandadas por Yabir Ibn Yusuf, Abdel Qawi, Tayliyun, Mohammed ibn Munqafad y Abu Jazir Yajluf al Awrabi) y la fuerte guardia negra de los esclavos. Se trata de un formidable ejército, cuyos efectivos el rey Alfonso VIII había subestimado gravemente.
La carga cristiana no se hizo esperar, fue un tanto desordenada pero su impulso fue formidable. La primera carga fue rechazada por los zenetas y los benimerín, retrocedieron y volvieron a cargar para volver a ser rechazados. Sólo a la tercera carga consiguió la caballería cristiana romper la formación del centro de lavanguardia almohade, haciéndolos retroceder colina arriba, donde habían formado antes de la batalla, y causando numerosas bajas entre los benimerín (voluntarios), zenetas (que trataron de proteger al visir, Abu Yahya) y la élite Henteta donde se encontraba el visir, que cayó en combate. A pesar de la muerte del visir, el ejército almohade no vaciló y prosiguió con el ataque. La caballería cristiana maniobró hacia la izquierda para enfrentarse con las tropas de al-Ándalus al mando de ibn Sanadid.
Tres horas habían pasado ya desde el comienzo de la batalla, siendo en ese momento mediodía. El calor y la fatiga comenzaron a afectar a la caballería cristiana. Aun tras sufrir numerosas bajas, los musulmanes no tardaron en reagruparse, cerrando la salida a la caballería enemiga. Estos, haciendo uso de su caballería ligera al mando de Yarmun, rebasaron a las tropas cristianas por los flancos y fueron atacados por la retaguardia, lo que, junto a la labor de los arqueros y a las maniobras de desgaste, acabó por cerrar el cerco.
Fue entonces cuando Ya'qub decidió enviar el resto de sus tropas. El ejército castellano no estaba preparado para aquella nueva táctica y finalmente se vio en la necesidad de huir, sufriendo así una tremenda derrota. Diego López de Haro, por su parte, trató de abrirse paso a toda costa, teniendo finalmente que refugiarse en el inacabado castillo, que tras haber sido cercado por 5.000 hombres, tuvo que rendir.
En cuanto a Pedro Fernández "el Castellano", cuyas fuerzas apenas combatieron durante la batalla, fue enviado por el califa para negociar la rendición. A los pocos supervivientes, entre ellos López de Haro, se les permitió marchar y se retuvieron 12 caballeros como rehenes para el pago del rescate.7 Entre los castellanos que murieron en la batalla se encontraban los obispos de Ávila, Segovia y Sigüenza, Ordoño García de Roda,Pedro Ruiz de Guzmán y Rodrigo Sánchez; así como los Maestres tanto de la Orden de Santiago, Sancho Fernández de Lemus, como de la portuguesa Orden de Évora, Gonçalo Viegas. Las pérdidas también resultaron elevadas para los musulmanes. No sólo el visir, Abu Yahya, sino también Abi Bakr, comandante de los benimerín (voluntarios), perecieron en la batalla o como consecuencia de las heridas sufridas.
Vicente Silió escribe que «las tropas de Yasub eran tan superiores como para inducir al monarca cristiano a rehusar la pelea», pero se hallaba Alfonso VIII en la plenitud de su vida, con el vigor de sus cuarenta años y no pensó en ningún instante retroceder ante el enemigo. Prefería morir antes que contemplar la gran catástrofe que se avecinaba. Y a fe que si no hubiese sido por la intervención de algunos nobles que, muy en contra de su voluntad, le sacaron del campo de batalla, hubiera sucumbido.
Consecuencias de la batalla
Como consecuencia, los almohades se adueñaron de las tierras entonces controladas por la Orden de Calatrava y llegaron hasta las proximidades de Toledo, donde se refugiaron los combatientes cristianos que habían sobrevivido a la batalla. Desestabilizó al Reino de Castilla durante años. Todas las fortalezas de la región cayeron en manos almohades:Malagón, Benavente, Calatrava, Caracuel, etc., y el camino hacia Toledo quedó despejado. Afortunadamente paraCastilla, Abu Yusuf volvió a Sevilla para restablecer sus numerosas bajas y tomó el título de al-Mansur Billah (el victorioso por Alá).
En los dos años siguientes a la batalla, las tropas de al-Mansur devastaron Extremadura, el valle del Tajo, La Mancha y toda el área cercana a Toledo, marcharon contra Montánchez, Trujillo, Plasencia, Talavera, Escalona y Maqueda, pero fueron rechazadas por Pedro Fernández de Castro "el Castellano", que tras la batalla pasó a servir al rey Alfonso IX de León, quien le nombró su Mayordomo mayor. Estas expediciones no aportaron más terreno para el Califato. Aunque su diplomacia obtuvo una alianza con el rey Alfonso IX de León (que estaba enfurecido con el rey castellano por no haberle esperado antes de la batalla de Alarcos) y la neutralidad de Navarra, ambos pactos temporales. Abū Yūsuf abandonó sus asuntos en al-Ándalus volviendo enfermo al norte de África, donde acabaría muriendo.
En un golpe de mano de los caballeros calatravos, sólo el castillo de Salvatierra, junto a Sierra Morena, pudo ser recuperado (1198) en los diecisiete años en los que la zona estuvo en poder almohade. Quedó como una posición aislada castellana en territorio almohade, hasta que fue tomado por éstos en 1211.
Sin embargo, las consecuencias de la batalla demostraron ser poco duraderas cuando el nuevo Califa Muhammed al-Nasir intentó frenar el nuevo avance hispánico sobre al-Ándalus. Se decidió todo en la batalla de Las Navas de Tolosa que marcó un punto de inflexión en la Reconquista y el Imperio almohade se derrumbó pocos años después.
“Luego salió [el califa] el sábado – diez de junio [de 1195] – y mandó pasar revista; cabalgó todo el ejército con pertrechos completos y atavía espléndido y cuando acabaron de montar a caballo y se terminó la organización de jinetes y peones; cabalgó al-Mansur y fue con los secretarios y visires y los parientes e hijos; los revistió en sus puestos, fila por fila y cábila por cábila, y les agradeció su cuidado y preparación con las más hermosas gracias. Se sacaron los sueldos y donativos – barakat – y se movilizaron los contingentes habituales y todos los soldados inscritos.”. (Libro de la increíble historia de los reyes de al-Andalus y Marruecos. Autor: Ibn Idhari)
En las instalaciones portuarias deIfriqiyase acumularon montañas de trigo y cebada para las raciones de los hombres y alimento correspondiente de las bestias. Desde todos los rincones del Imperio se reunieron gran variedad de cabalgaduras; se aprovisionaron ingentes cantidades de espadas bien bruñidas y lanzas de hermosa factura, además de adargas, sables y escudos; también hubo acopio de vestidos, túnicas, turbantes y albornoces; se dieron órdenes de fabricar montones de flechas en cada una de las medinas, así como efectivas máquinas de guerra. Debía de rondar el mes de Junio cuando, tras la llegada de las cábilas almohades asentadas enMarrakus, las tropas sarracenas al completo cruzaron el Estrecho en sus más de doscientas naves.
Una vez desembarcaron al otro lado de las aguas, partieron rumbo aIsbiliya, la capital andalusí. Fue en esta ciudad donde Abu Yusuf Yakubpasó revista a su ejército, hizo reparto de la barakat o soldadas y entregó las banderas y estandartes a todos sus efectivos. Finalizado el suntuoso acto protocolario, el imponente contingente musulmán se puso en camino hacia tierras de Castilla utilizando la misma ruta que, en fechas anteriores, lo hiciera el arzobispo don Martín de Pisuerga cuando su cabalgada sobre tierras de al-Andalus. Es esta la vía que enlaza el valle de su gran río, al que los infieles hacen llamar al-Wadi al-Kabir, con la mismísima capital del reino: Toledo.
“Los primeros en pasar fueron los árabes, luego los zanatas, masmudíes y gomaras, los voluntarios de al-Magrib, los agzaz, los arqueros, los almohades y los negros”. Quiso el califa rodearse de los voluntarios de la fe en el transcurso de la marcha; a su llamada habían acudido hombres religiosos y fervientes seguidores de Mahoma que abandonaron sus hogares, tierras y templos para responder a la yihad. Yusuf los observaba complacido mientras comentaba a sus comandantes de mayor confianza: “estos son el ejército, no aquello”, señalando a las huestes de mercenarios y andalusíes.
Atravesado el Puerto del Muradal, ordenó el califa cambiar el sentido de la marcha yobligó al ejército a dirigirse hasta laplaza deSalvatierra. Cauto y prudente, por los posibles movimientos que pudiera realizar el Castellano ante su presumible llegada a la frontera, decidió enviar una vanguardia de jinetes bien nutrida, entre los que se encontraban andalusíes buenos conocedores de la lengua cristiana, para controlar el paso con total seguridad mientras el grueso de sus soldados montaba los reales en las llanuras de este importante bastión fronterizo.
Las decisiones de Yusuf II no fueron fruto de la improvisación, la fortalezade Salvatierrale brindaba apoyo como base principal para su ataque y le proporcionaba adecuado resguardo ante una posible retirada y repliegue de tropas en caso de derrota.
El monarca almohade estaba en lo cierto al sospechar que ya se hubiese detectado su presencia en la frontera, lo que demostraba su gran inteligencia militar aunque fuese bastante cuestionada por nuestros reyes y señores. Varios destacamentos de caballería calatraveña, aquellos encargados de salvaguardar estas tierras, partieron al encuentro con objeto de recabar toda la información precisa con la que avisar a Toledo. Sería una de estas patrullas de jinetes la que toparía con la vanguardia adelantada de Yusuf. ¿Eran los allí reunidos, tras la colina, los verdaderos componentes de esta cabalgada? Si no fuese así, ¿qué número de efectivos integraban la amenaza? Pero, sobre todo, la pregunta que se formulaban era ¿hacia dónde tenían previsto dirigir sus razzias?
Desafortunadamente, antes de obtener respuesta a todas estas cuestiones, nuestros hermanos fueron descubiertos, motivo que obligó a separarse, precipitadamente, y huir a las defensas más cercanas a expensas de encontrar amparo. Fuera como fuese, la información recabada debía llegar a manos del monarca Alfonso.
Parte del grupo de calatravos tornó grupas sobre sus pasos y se dirigió hacia la fortaleza de Alarcos. A golpe de pezuña, el resto de freires rompió a correr dirección a las huestes enemigas en un intento desesperado por llamar su atención y arrastrarlos lejos del sentido que tomaba el otro grupo de jinetes. Se habían propuesto alcanzar la plaza fronteriza deDueñas, situada algo más al sur, y buscar protección tras sus murallas.
Desde las almenas de este castillo, entre densas nubes de polvo, los defensores otearon en el horizonte las blancas capas suspendidas al viento de una partida de jinetes que, a la carrera desesperada, cabalgaban hasta su posición. Tras de ellos, casi dándoles alcance, un vasto cuerpo de caballería enemiga. Raudos, los centinelas dieron la voz de alarma.
En el interior de la fortaleza se dio orden que todos los caballeros disponibles se armaran con inusitada celeridad y salieran en socorro de sus hermanos; las monturas debían de estar ya extenuadas. Además, la distancia que los separaba de sus perseguidores era cada vez menor.
Cuando por fin consiguieron alcanzarlos, intentaron hacer frente a esta oleada musulmana formando un grupo compacto de caballeros enlorigados. Desgraciadamente, venderían cara sus almas; todos los monjes soldados de Calatrava fueron aniquilados bajo las espadas almohades y el bastión fronterizo conquistado definitivamente.
Sin embargo, los de Calatrava consiguieron su propósito. Algunos miembros de la partida que marchó hacia Alarcos, aunque bastante maltrechos, pudieron llegar hasta su destino. Rápidamente, desde la plaza se enviaron correos de urgencia a Toledo informando al rey de la terrible amenaza que se cernía sobre las tierras deCastilla.
En el preciso instante en el que don Alfonso fue avisado de las graves noticias que llegaban desde la frontera,ordenó reunir, urgentemente, a su mesnada real. Debía de partir, inmediatamente, hacia Alarcos, última fortaleza cristiana antes del Congosto, e impedir que las huestes sarracenas pudieran cabalgar, libremente, por sus tierras. No contaba el monarca con sobrados efectivos, pero sí disponía de alta capacidad de respuesta y excelentes hombres de armas como para afrontar la amenaza de una cabalgada musulmana.
Por ello mismo, no quiso el Castellano aguardar al resto de fuerzas que pudieran reunir previo al enfrentamiento, tal y como se esperaba de los caballeros leoneses y navarros. Tampoco quiso escuchar consejo de sus nobles. Ante lo que él consideraba como una auténtica decisión precipitada de su rey, don Diego López de Haro, una de las más leales y bravas espadas de don Alfonso, quiso opinar que aun no disponiendo de información suficiente como para emprender tal empresa, menos prudente sería hacerlo sólo con los vasallos. Lo lógico y sensato era esperar al resto de tropas cristianas que estarían de camino.
Según relatan algunos de los caballeros que, en esos momentos, preparaban sus pertrechos en los reales toledanos, y ahora protegidos tras las murallas de Consuegra como el resto de nosotros, se escuchó de labios de don Alfonso reprender al de Vizcaya delante de todos los señores e instándole a voz en grito: “Los caballeros hijosdalgo tienen el mismo valor que cualquier otro noble.”.
Estas palabras, punzantes como daga afilada, resonaron en el silencio y serían aprovechadas por el blasón de los Lara para acusar, en las postrimerías de la batalla, a don Diego y a sus huestes por la derrota infligida. Según estos, “tales caballeros no lucharon como debían y no ayudaron a su señor con todo su corazón y coraje.”. Como siempre, la nobleza buscaba cualquier excusa para granjearse los favores reales, aunque fuera a costa del apellido y reputación de hombres valientes. Siempre existirán discordias por la disposición de nuevas tierras y este fue el caso de tal injuria, aunque, desde mi humilde desconocimiento, considero que no era el momento idóneo.
Alfonso, el de Castilla, partió entonces hacia los límites del Congosto para someterse a la voluntad de Dios en un glorioso intento por evitar que los musulmanes penetraran en las tierras de su reino. La imponente ciudad-fortaleza de Alarcos le aguardaba.
Por su parte, el tercer califa almohade, Abu Yusuf Yakub, se preparaba para irrumpir en las tierras de Toledo y llegar hasta sus mismas puertas. En la frontera, aunque salvable, un solo obstáculo restaba: aquel que la lengua infiel nombra como al-Araq.
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